Mapa para no perderse en ‘Theodoros’, la monumental obra de Mircea Cartarescu
Una guía para deslizarse por la literatura del escritor rumano, publicada en España por Impedimenta, y disfrutar del viaje sin perderse ni un solo detalle

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1. Resumen extendido
El libro Theodoros de Mircea Cartarescu narra la vida de un personaje que adopta múltiples identidades a lo largo de una existencia picaresca, aventurera y finalmente trágica, abarcando desde la Valaquia del siglo XIX hasta Etiopía, el Archipiélago Griego y culminando en una visión apocalíptica del Juicio Final. La narración es conducida por una entidad plural («nosotros») que se presenta como omnisciente y observadora de los destinos humanos.
La primera parte, «TUDOR», se inicia en el monasterio etíope de Debre Tabor, donde el protagonista, un joven de veintidós años que siente como si tuviera cincuenta debido a una vida de sufrimientos, se ha refugiado tras siete años de piratería en el Archipiélago Griego. Allí, bajo el nombre que el lector aún desconoce, se sumerge en el estudio del libro sagrado etíope, el Kebra Nagast. Este libro, piedra angular de la Iglesia ortodoxa etíope tewahedo, detalla la creación, la genealogía de los reyes etíopes desde Salomón y la reina de Saba, y la historia del Arca de la Alianza. El protagonista está en Etiopía buscando cumplir un «triple objetivo», guiado por las siete letras de la palabra SAVAOTH, descubiertas en Valaquia y buscadas en el Archipiélago. En el monasterio, conoce a Kassa Haile Giorgis de Dembia, un joven etíope de su misma edad, guerrero con alma de monje. Su primer encuentro es cómico debido a un error lingüístico del protagonista al intentar citar el Kebra Nagast. Pronto se hacen amigos íntimos, compartiendo comidas, bebidas (tella y tej) y largas conversaciones sobre sus vidas y sobre las diversas interpretaciones y herejías del cristianismo que circulan por Etiopía. Kassa revela su humilde origen: su madre vendía kosso (un remedio para las lombrices), lo que le valió el apodo de «Lombriz». Su infancia estuvo marcada por la pobreza y la figura aterradora de su abuelo, Dejazmach Wolde Giorgis. La madre de Kassa, Woizero Attitegeb Wondbewossen, eligió la venta de kosso, una ocupación despreciada, para no caer en la prostitución. Kassa, a pesar de su linaje materno guerrero, se inclinó más por la vida monástica y el estudio, aunque también conoció los placeres mundanos. Durante dos años, el protagonista y Kassa comparten una vida de estudio y camaradería, llegando a tener un sueño recurrente y compartido sobre la crucifixión de Simón el Cirineo en lugar de Cristo.
El capítulo 9 intercala una serie de eventos históricos y curiosidades ocurridas en el año 1827, como el incidente diplomático en Argelia que llevó a la invasión francesa, los experimentos de Nicéphore Niépce con la fotografía (héliographie), la llegada de la jirafa Zarafa a París, y la invención de la pluma estilográfica por Petrache Poenaru, un estudiante valaco en París. Poenaru, tras una breve carrera militar y como bandolero junto a Jianu, inventa la pluma por pereza. El narrador omnisciente («nosotros») reflexiona sobre cómo los inventos raramente son obra de un solo individuo y cómo el futuro es desconocido para los humanos. Petrache regresa a Valaquia y pasa el invierno en la hacienda de Tachi Ghica en Ghergani. Allí, la esposa de Tachi, Marița, aburrida y anhelante, inicia un romance con el pintor Sisoe (Mitrofan), quien le pinta iconos en las uñas. Marița, deseosa de ser retratada desnuda, seduce a Sisoe. Petrache, también alojado en la mansión, se enamora perdidamente de Marița, pero al ser la esposa de su amigo y benefactor, decide unirse de nuevo a la banda de Jianu. El capítulo describe con detalle la feria de Sălcuța y la representación del belén, un evento popular al que asiste Jianu con sus bandidos. Se revela que Jianu es en realidad lancu, el agá de Bucarest, quien inventó la figura del bandolero Jianu y contrata a cantantes de ópera de Kolozsvár para que interpreten a los «bandidos», manteniendo así una doble vida y controlando tanto la ley como el crimen organizado.
El capítulo 10 retoma la infancia del protagonista, Tudor, en Ghergani, cuando tiene nueve años. En un viaje en trineo con el tártaro Ghiuner, este le cuenta la historia del bajá Arcoș y su derrota por Helor, el señor de Valaquia, quien usa el invierno como arma. Tudor, a su vez, relata la historia de las cabezas intercambiadas del libro Historia del rey Skinderiu: un filósofo intercambia la cabeza de un príncipe feo con la de un joven apuesto para engañar al rey de Alepo. Esta historia lo aterroriza profundamente. Asisten al belén de Sălcuța, donde Tudor se maravilla con la figura de Jianu y sus bandidos. Tras la representación, siguen a los «bandidos» al bosque y descubren la farsa: el verdadero Jianu (lancu) les paga a los «cantantes de ópera» que actúan como su banda. Esta revelación sobre la naturaleza de la realidad y la ficción impacta al joven Tudor.
El capítulo 11 se sitúa en Etiopía, durante la era de Zemene Mesafint. Dejazmach Wube Haile Mariam se rebela y, con la ayuda del obispo Abune Sellama II, desafía al emperador Yohannis III y a su protector, Ras Ali. Se describe la batalla de Debre Tabor (1842), un enfrentamiento absurdamente cómico donde ambos ejércitos huyen repetidamente el uno del otro antes de que Ras Ali huya definitivamente, permitiendo a Wube reclamar la victoria, solo para ser capturado poco después por Aligaz, lugarteniente de Ras Ali. Mientras tanto, tribus musulmanas incendian el monasterio de Debre Tabor. El protagonista (ahora llamado Theodoros por el narrador) y Kassa Hailu sobreviven al incendio escondidos en la bóveda. Ras Ali, que se había escondido en las ruinas del monasterio, emerge y recupera el control. En medio de la desolación, Theodoros le propone a Kassa intercambiar sus destinos: Kassa tomará la identidad de Theodoros y viajará al Archipiélago Griego con cartas y riquezas prometidas, mientras Theodoros adoptará la identidad de Kassa Hailu en Etiopía. Kassa acepta. El verdadero Kassa, ahora como Theodoros, viaja a Quíos, donde es asesinado por un comerciante al que el protagonista lo había enviado con cartas engañosas, cobrando así una recompensa por la cabeza del «pirata Theodoros».
La segunda parte, «THEODOROS», se centra en las aventuras del protagonista bajo su identidad de pirata en el Archipiélago Griego. El capítulo 12 lo muestra en la isla de Amorgos, escribiendo una carta a su madre, Sofiana. Estas cartas, llenas de invenciones piadosas sobre una vida de honor y éxito, contrastan con su realidad de asesinatos y pillajes. Relata una fuga fantástica de Valaquia, un viaje por Macedonia y su llegada al Archipiélago. Describe cómo Sisoe, su compañero, comienza a pintar las velas de los barcos, creando la «Iglesia Flotante» y luego un proyecto para pintar toda la bóveda celestial. Theodoros está buscando la segunda letra (A) de SAVAOTH. Envía a Kassandra, una de sus piratas, al monasterio de Hozoviotissa en Amorgos. Kassandra encuentra la letra Aleph pintada en una ventana y, al mirar en el hueco del iconostasio, ve un espejo donde se refleja a sí misma como una Virgen con el Niño, una visión que la transforma.
El capítulo 18 (saltamos al 18 según la numeración del texto original, aunque la secuencia lógica sería 13) se sitúa en 1857, con la coronación de la Reina Victoria. Se describe la ceremonia y la figura de la joven reina. Se introduce a Sir Howard Douglas, gobernador de las Islas Jónicas, y sus problemas con los piratas, especialmente con Theodoros, quien ha proclamado los «Principados Unidos de Anticitera y Citera de Levante». Douglas recibe una carta misteriosa en cirílico (la enviada por Theodoros a su madre). Se planea una expedición para capturar a Theodoros.
El capítulo 19 es otra carta de Theodoros a su madre Sofiana, fechada en 1838 (lo que indica un salto temporal o un error en la fecha, ya que contradice la cronología de su piratería). Se describe a sí mismo como un líder respetado en el Archipiélago. Presenta a sus compañeros piratas: Barrabás el Durmiente (un hombre que durmió 215 años), Suleyman el Chino, Joshua Abraham Norton (su hermano de cruz, futuro emperador de EE. UU.), y el Bisabuelo de John (ancestro de John Lennon). Narra la captura de la goleta Pséma, encontrada abandonada y fantasmal. Luego, describe una batalla contra los piratas de la isla de Vous, donde las mujeres embarazadas de su banda, violadas anteriormente por esos piratas, sirven como «velas humanas» impulsando el barco con la fuerza de la vida en sus vientres, y luego se vengan castrando a sus agresores. Menciona su búsqueda de Ingannamorte, «el-que-ha-escrito-todos-los-libros». La carta está llena de elementos fantásticos y exageraciones.
El capítulo 22 retoma la búsqueda de las letras de SAVAOTH. Tras encontrar la A en Amorgos, busca la V. La encuentra en la isla de Vous, donde él y sus compañeros tienen un sueño compartido sobre el Arca de la Alianza, dentro de la cual ven la letra V. La narración salta a la historia de Salomón y la reina de Saba (Makeda), detallada en los capítulos 13 y 16. Makeda, reina virgen y sabia de Etiopía, viaja a Jerusalén para conocer la sabiduría de Salomón. Salomón, fascinado, la recibe con honores. Pasan tres meses juntos, durante los cuales Makeda se convence de la grandeza de Salomón y de su Dios. La última noche, Salomón la engaña para que rompa un juramento (no tomar nada de su habitación) al provocarle sed y dejar solo una copa de oro para beber. Al romper ella el juramento, él se siente liberado del suyo de no tocarla, y se unen en una noche de pasión. Makeda regresa a Saba encinta de Menelik.
El capítulo 24 narra la juventud de Menelik en Saba. A los diecinueve años, presiona a Makeda para saber la identidad de su padre. Ella le revela que es Salomón. Menelik decide viajar a Jerusalén. Makeda le pide que regrese, que traiga las borlas del cobertor del Arca para convertir a su pueblo y que establezca una ley de sucesión masculina. Menelik viaja a Jerusalén, donde Salomón lo reconoce y lo ama profundamente, deseando nombrarlo su heredero. Menelik, sin embargo, anhela regresar a Etiopía. Por revelación divina, se decide que Menelik regrese, acompañado por los primogénitos de los nobles israelitas y, secretamente, por el Arca de la Alianza, robada del Templo con la ayuda del sumo sacerdote Zadok. La caravana, protegida por el poder del Arca, viaja milagrosamente rápido de regreso a Saba.
El capítulo 14 (otro salto en la numeración del texto original) describe la llegada de Tudor (Theodoros) a Bucarest a los doce años, tras la muerte de su padre. Trabaja para Tachi Ghica. Describe la ciudad, sus olores y costumbres. Se hace amigo de Ionică, el hijo de Tachi. Juntos, intentan descubrir quién vuela una cometa con la imagen de Stamatina, la hija del vaivoda Ghica. Tudor trepa por la cuerda de la cometa hasta una altura increíble, donde tiene una visión de un Silfo (un espíritu del aire) que visita a Stamatina. Esta experiencia lo marca profundamente.
El capítulo 17 se sitúa en Bucarest durante la peste de 1832. Tudor, ahora con quince años, se enamora de Stamatina en Câmpina, donde el vaivoda se ha refugiado. Tienen encuentros nocturnos secretos. Stamatina le confiesa que es visitada por un Silfo. Antes de que ella parta con su padre al exilio, le da a Tudor un medallón con su retrato y le pide que la busque. Tudor es capturado y azotado, pero el agá lancu (Jianu) lo salva y lo envía con los bandoleros. Tudor, sin embargo, vaga por Bucarest, atormentando a los judíos. Cae enfermo de peste y es salvado por unas monjas. Se une a los apestados en la «Batalla del Campo del Tiovivo» contra los enterradores corruptos liderados por Nae Pasvantoglu. La batalla es brutal y culmina con la victoria de los apestados gracias a la intervención milagrosa del icono de Santa Venera, que resucita a los muertos para luchar. Tudor participa activamente y, tras la victoria, se une a la banda de Jianu.
El capítulo 20 se centra en Theodoros en el Archipiélago, siete años después de huir de Valaquia. Está en la isla de Oinuses, buscando la quinta letra de SAVAOTH (Ómicron). Está profundamente afectado por una traición amorosa relacionada con Stamatina. En una carta a su madre, describe su desesperación y cómo busca consuelo en la «poesía», que describe como una droga peligrosa y adictiva. Menciona a varios poetas como si fueran traficantes de sustancias. El Bisabuelo de John encuentra un anillo con una amatista en un pozo en Oinuses, que resulta ser la letra Ómicron y el anillo de Giges, que otorga invisibilidad.
El capítulo 26 describe el invierno en Klides, Chipre. Theodoros, Ghiuner y Sisoe reflexionan sobre sus vidas. El Bisabuelo de John canta canciones irlandesas y se revela su linaje que conducirá a John Lennon. Viajan a Petra, donde viven una aventura surrealista en el tesoro Al-Khazneh, custodiado por un niño gigante nonato. Escapan y se dirigen a Jerusalén. Theodoros escribe otra carta a Sofiana, hablando de sus viajes, de los gusanos de barco cantores y de su encuentro con Ingannamorte, el escritor de todos los libros, en una isla flotante. Ingannamorte le muestra el manuscrito de su propia vida, titulado Theodoros. Luego, en la isla de Télendos, encuentran la letra Tau (T) de SAVAOTH en forma de una cruz de madera, tras una visión compartida. Son capturados por los turcos, pero Ionică Ghica, ahora bey de Samos, los libera con la condición de que Theodoros abandone la piratería y pague una suma.
La tercera parte, «TEWODROS», comienza con el capítulo 23. Theodoros, ahora Kassa Hailu y con treinta y seis años, se ha convertido en un poderoso líder militar en Etiopía. Se enfrenta a Dejazmach Wube en la batalla de Dirasge (1855). Se describe su ascenso, su matrimonio con Tewabech Ali (Paloma), hija de Ras Ali, a quien ama profundamente y quien lo inspira y aconseja. Detalla sus victorias contra los príncipes etíopes, incluyendo la humillación de la reina Menen y la derrota de Dejazmach Goshu. La batalla de Gondar contra Ras Ali y Dejazmach Wube se gana con una sola bala disparada por un rifle que avanza solo, un acto de brujería o intervención divina. Tras la victoria en Ayshal, Kassa es el señor indiscutible de Etiopía. Abune Sellama, presionado, accede a coronarlo.
El capítulo 27 detalla la coronación de Kassa como Tewodros II en Dirasge. La ceremonia es grandiosa, y la iglesia es elevada al cielo por ángeles. Tewodros se corona a sí mismo, emulando a Napoleón. Se casa con Tiruwork Wube, hija de su enemigo, para legitimar su reinado y asegurar un heredero de sangre salomónica, aunque no la ama. Su hijo, Alemayehu, nace, pero la relación con Tiruwork es fría. Tewodros se vuelve cada vez más cruel y paranoico, especialmente tras la muerte de Paloma, que lo sume en la desesperación y la brutalidad. Persigue herejías, confisca bienes de la Iglesia, y su crueldad se vuelve legendaria, como la masacre de los niños de Kordofán y el asesinato de los nobles sabeos. Recibe una carta de apoyo de Joshua Abraham Norton, ahora Emperador Norton I de los Estados Unidos.
El capítulo 31 es una reflexión sobre el uso de drogas por parte de Theodoros (khat, afion) y cómo estas exacerban su crueldad y paranoia. Su obsesión por Stamatina persiste. Tiene una visión de ella en el Arca de la Alianza. Busca una nueva reina de linaje salomónico y se casa con Tiruwork Wube. Su relación es distante y su hijo Alemayehu le teme. Tewodros toma a una cocinera, Yetemegnu, como concubina pública para humillar a Tiruwork. En una visión, viaja en una alfombra voladora con un ejército de ibis para rescatar a Stamatina de la ciudadela celestial del Silfo, solo para encontrarla convertida en polvo al intentar sacarla de su ataúd de cristal.
El capítulo 32 describe las iglesias de Lalibela. Tewodros, obsesionado con el Arca, viaja a Axum, donde el guardián de la capilla del Arca, Alimayu Tesfaye, le niega la entrada. Años después, ya emperador, regresa, mata al guardián y descubre que la capilla está vacía. Una mano angelical escribe en la pared «Biet Ghiorgis», guiándolo a la undécima iglesia de Lalibela. Allí, resuelve un enigma con el Tetragrámaton y desciende a una esfera de oro donde el Arca flota. Al abrirla, encuentra las Tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón. Una voz divina le narra su vida y su destino como el Opuesto. El Arca desaparece, y él queda desolado.
El capítulo 2 (numeración original) se centra en el general Napier y la expedición británica a Magdala para rescatar a los rehenes europeos. La reina Victoria y Disraeli discuten la situación. Se detalla la difícil marcha del ejército británico a través de Etiopía y la batalla de Arogye, donde las fuerzas de Tewodros son masacradas. Magdala es asediada y conquistada.
El capítulo 33 narra los últimos momentos de Tewodros en Magdala. Reflexiona sobre su vida, su identidad valaca (Tudor), su amor por Sofiana y Stamatina, y sus crímenes. Escribe una carta desafiante pero resignada a Napier. Mientras los soldados británicos saquean la fortaleza, Tewodros se suicida con una pistola regalada por la reina Victoria. Su cuerpo es profanado y enterrado sin honores cristianos. Su anillo imperial desaparece y reaparece en Etiopía, generando leyendas sobre su retorno.
El capítulo 1 (numeración original) es una reflexión metanarrativa sobre la naturaleza de Theodoros como personaje, un «hombre osado» y «sanguinario», una «cruz de carne». Se repasan momentos clave de su vida, su fe distorsionada y su búsqueda de grandeza. Se cuestiona la naturaleza de la fe y la voluntad, y se alude a la creación del libro mismo.
El libro concluye con una visión del Juicio Final (capítulo 33, continuación). Theodoros es resucitado junto con toda la humanidad. Los arcángeles y los demonios se disputan su alma. Se produce una batalla cósmica entre Miguel y Satanael. Jesús interviene mostrando su corazón, trayendo un momento de paz. El Señor lee el libro de la vida de Theodoros, que es la propia novela que el lector acaba de terminar. La risa del Señor al leer el libro es el ambiguo veredicto final.
La estructura del libro es compleja, con saltos temporales, múltiples narradores implícitos (aunque predomina el «nosotros»), y una mezcla de historia, leyenda, ficción picaresca y reflexiones filosófico-teológicas. La trama principal sigue el ascenso y caída de Theodoros, pero se entrelaza con subtramas sobre otros personajes y eventos históricos, creando un tapiz narrativo vasto y polifónico.
2. Análisis de personajes
Theodoros/Tudor/Kassa Hailu/Tewodros II: Es el protagonista absoluto, un personaje camaleónico y complejo. Originario de Valaquia como Tudor, hijo de sirvientes, muestra desde niño una ambición desmedida y una fascinación por el poder y las figuras heroicas como Alejandro Magno y Napoleón. Su identidad es fluida: adopta el nombre de Theodoros como pirata en el Archipiélago Griego, luego intercambia su destino con Kassa Hailu para convertirse en un líder en Etiopía, culminando como el emperador Tewodros II. Es impulsivo, violento, carismático y atormentado. Su vida es una búsqueda constante: de las letras de SAVAOTH, del Arca de la Alianza, de un reino, del amor (Stamatina, Paloma) y de la redención. Su fe es una mezcla sincrética y a menudo herética, más una herramienta para sus ambiciones que una convicción profunda. Su transformación es hacia una crueldad y paranoia crecientes, especialmente tras la muerte de Paloma. Su conflicto principal es interno, entre su deseo de grandeza y su naturaleza pecaminosa, y externo, contra todos aquellos que se oponen a su ascenso. Es el arquetipo del antihéroe trágico, destinado a la grandeza y a la autodestrucción. «Te han dicho siempre que eres un hombre osado, y eso has sido desde que tienes uso de razón, pues así saliste del vientre de tu madre en el Archipiélago, una cruz de carne en la que muchos, incontables mártires, entregaron su alma, una cruz de soberbia y codicia...»
Kassa Hailu (el original): Joven etíope, guerrero con alma de monje, que se convierte en el amigo íntimo del protagonista en el monasterio de Debre Tabor. Su origen es humilde (hijo de una vendedora de kosso), lo que le genera un complejo de inferioridad. Es conocedor de las escrituras y de las tradiciones etíopes. Representa una cierta inocencia y piedad que contrasta con la ambición del protagonista. Su función narrativa es crucial al permitir el intercambio de identidades, lo que posibilita el ascenso de Theodoros en Etiopía. Su arco de transformación es breve y trágico: al adoptar la identidad de Theodoros y viajar a Quíos, es asesinado, víctima de los engaños del protagonista. «Era un guerrero con alma de monje y corazón de parrandista. Se había pasado la vida leyendo las homilías de san Juan Crisóstomo antes que peleando en los campos de batalla, y más tiempo en los lugares con mujeres y tej que en escuelas y monasterios».
Sofiana: Madre del protagonista (Tudor). De origen griego, criada en Valaquia. Es una figura de amor incondicional y pureza en la vida de Theodoros. Sus cartas, aunque a menudo en blanco, representan un vínculo sagrado para él. Es a través de ella que Tudor conoce las historias de la antigüedad griega y los cuentos populares que moldean su imaginación. Funciona como un ancla moral y emocional para Theodoros, aunque él raramente siga sus enseñanzas. Su fe es sencilla y profunda. Su evolución es la de una madre que sufre la ausencia y las fechorías de su hijo, refugiándose finalmente en la vida monástica en Jerusalén. «Tu madre nunca vendió kosso... Tu madre había recibido de su señor y dueño, Gligorie, su esposo legítimo, el mandato de no enseñarte griego ni para decir kalimera, pero había infringido a escondidas ese mandato terrible...»
Stamatina Ghica: Hija del vaivoda Dimitrie Ghica. Es el amor idealizado y platónico de la juventud de Tudor. Su imagen, conservada en un medallón, lo acompaña toda su vida. Representa la pureza, lo inalcanzable y una conexión con un pasado más inocente. Su historia con el Silfo (un espíritu del aire que la visita y con quien tiene una relación) introduce un elemento fantástico y simboliza quizás la imposibilidad del amor terrenal para Theodoros o la naturaleza etérea de sus ideales. Su búsqueda es uno de los motores de la trama, aunque su presencia física sea limitada. No experimenta una gran transformación visible para el lector, permaneciendo como un ideal lejano y finalmente perdido. «¡Búscame! —te dijo en cambio, contemplándote con tristeza—. ¡No cejes hasta encontrarme! Ve hasta los confines del mundo, rompe noventa y nueve zapatos de hierro y un cayado de hierro en tu viaje por los mares y los continentes».
Tewabech Ali (Paloma): Primera esposa de Tewodros II, hija de Ras Ali. Es descrita como una mujer bella, inteligente y políticamente astuta. Ama profundamente a Tewodros y lo aconseja en su ascenso al poder, incluso instigándolo contra su propia familia. Representa un período de relativa estabilidad y humanidad en la vida de Tewodros. Su muerte prematura es un punto de inflexión, sumiendo a Tewodros en una espiral de crueldad y desesperación. Su función es la de catalizadora y, posteriormente, la de justificación (para Tewodros) de su declive moral. «El amor con ella, en la tórridas noches de Qwara, era distinto al de los miles de mujeres que habías tenido antes, porque tu diminuta esposa dirigió con gracia tu boca, tus manos y tus miradas, enseñándote que el gozo inmenso no estaba en la pasión furiosa del hombre desenfrenado...»
Ghiuner: El tártaro, fiel compañero de Tudor/Theodoros desde Ghergani. Es un guerrero experimentado, leal y pragmático. Conoce historias y habilidades de supervivencia. Acompaña al protagonista en muchas de sus aventuras, desde Valaquia hasta el Archipiélago y Etiopía. Representa la lealtad incondicional y la camaradería. Aunque participa en actos de violencia, a menudo actúa como una figura protectora y sensata para Theodoros. Su evolución es la de un compañero que envejece junto al protagonista, presenciando su transformación y caída. «El tártaro Ghiuner, que noche tras noche dormía vestido y con las pistolas al cinto ante la puerta de Tachi Ghica... se convirtió en tu mejor camarada, tu compañero de secretos y de cuentos».
Sisoe (Mitrofan): Pintor de iglesias y compañero de Tudor/Theodoros. Es un artista talentoso pero melancólico y solitario. Su romance con Marița en Ghergani lo lleva a unirse a la banda de Theodoros. En el Archipiélago, su arte de pintar velas de barcos y luego el cielo introduce elementos de realismo mágico y reflexión sobre el arte y la fama. Representa la creatividad y una cierta búsqueda de trascendencia a través del arte, aunque también sucumbe a la vida de piratería. Al igual que Ghiuner, es un testigo constante de las andanzas de Theodoros. «Sisoe, el maestro pintor, se quedó pensativo ante la placa de bronce... pasaba los dedos, ensimismado, por las líneas trazadas en el metal, pensando en cómo habría dibujado él el paisaje marino...»
Joshua Abraham Norton: Comerciante judío que Theodoros conoce en el Archipiélago. Se convierte en su hermano de sangre. Su historia se entrelaza con la del histórico Emperador Norton I de San Francisco. Es un personaje que introduce temas de destino, profecía y la naturaleza ilusoria de la realidad y el poder. Su fe judía y su conocimiento de textos cabalísticos (como el Sefer Ha-Bahir, aunque esto se atribuye a Moshe el Trapero en otro pasaje) influyen en la búsqueda mística de Theodoros. Su propia trayectoria hacia la «emperatriz» en América refleja, de forma paródica o paralela, la de Theodoros. «Joshua Abraham Norton no había navegado en el Biblia de Mainz... pero durante casi tres años había sido en efecto un galeote en el archipiélago de las Molucas...»
Reina Victoria: Soberana del Imperio Británico. Aparece como una figura distante pero influyente en el destino de Tewodros II. Su relación con él es epistolar (aunque mayormente unilateral por parte de Tewodros) y política. Inicialmente lo apoya, pero luego, horrorizada por su crueldad, ordena la expedición punitiva que lleva a su caída. Representa el poder imperial occidental, pragmático y a menudo hipócrita, en contraste con la figura mesiánica y bárbara de Tewodros. «La reina escuchó el relato del primer ministro con su acostumbrado aire serio y un poco huraño...»
Makeda, Reina de Saba: Figura legendaria, reina etíope que viaja a Jerusalén para conocer a Salomón. Es retratada como sabia, bella y virgen. Su unión con Salomón da origen a Menelik y a la dinastía salomónica de Etiopía, un elemento crucial para la legitimidad que Tewodros busca y usurpa. Su historia, extraída del Kebra Nagast, sirve para contextualizar la importancia del Arca de la Alianza y la tradición etíope. «La piel de Makeda era negra como el ébano y su cabello era de hebras gruesas... Sus ropajes de lino retorcido, fino como las telarañas, dejaban sus pechos al aire, como correspondía a las reinas, madres de los pueblos que regían».
Rey Salomón: Rey bíblico de Israel, famoso por su sabiduría y riqueza. Su relación con Makeda es central para la mitología etíope. En la novela, se le presenta como un hombre de gran intelecto pero también de grandes pasiones, con un harén extenso. Su encuentro con Makeda es una mezcla de admiración intelectual y deseo carnal, culminando en una unión que tendrá consecuencias dinásticas trascendentales. «Aunque era sabio, vivía en un incesante desenfreno, algo conocido por todas las almas de Judea...»
3. Estilo y tono narrativo
El estilo narrativo de Theodoros es exuberante, erudito y polifónico, caracterizado por una prosa densa y elaborada. El narrador principal es una entidad plural y omnisciente que se refiere a sí misma como «nosotros». Este narrador no solo relata los hechos, sino que interviene directamente con comentarios, reflexiones filosóficas, anticipaciones y juicios sobre los personajes y sus acciones, a menudo con un tono que oscila entre lo irónico, lo solemne y lo compasivo. Por ejemplo, al describir la batalla de Debre Tabor: «Pero no permitimos que murieras entonces, pues tú tenías otro destino ya desde el comienzo del mundo... Nosotros hemos sabido siempre qué va a suceder, tal y como sabemos también lo que sucedió, pues para nuestros ojos grises, separados y serenos, el mundo es tan solo un bloque inmóvil en la eternidad...»
El lenguaje es notablemente rico y variado, empleando un léxico amplio que incluye arcaísmos, términos específicos de diversas culturas (rumana, griega, etíope, turca), neologismos aparentes y un registro que puede ser elevado y poético en descripciones y reflexiones, o crudo y directo en escenas de violencia o diálogos populares. Las enumeraciones caóticas y las largas digresiones son recursos estilísticos frecuentes, creando un efecto de torrente narrativo que abarca múltiples épocas, geografías y niveles de realidad. Un ejemplo de esta profusión descriptiva se encuentra en la evocación de Bucarest: «Bucarest se te mostró como una población construida no con muros, madera y tejas, sino con tufos, pestes, miasmas y aromas, olores y hedores, rosa y menta y turrón y albahaca y lejía y aguardiente y patatas podridas y cadáveres y boñiga y excrementos humanos por todas partes...»
El ritmo de la narración es variable. Hay pasajes de gran dinamismo, especialmente en las descripciones de batallas o aventuras picarescas, que contrastan con momentos de introspección, largas cartas o detalladas exposiciones históricas y teológicas que ralentizan la acción. El uso del diálogo directo es moderado; gran parte de la interacción verbal se presenta de forma indirecta o resumida por el narrador. Sin embargo, cuando aparece, el diálogo suele ser vívido y caracterizador, como en las conversaciones entre Theodoros y Kassa Hailu, o en las interpelaciones de los personajes a la divinidad o al destino.
La estructura formal del libro se organiza en tres partes («TUDOR», «THEODOROS», «TEWODROS») y capítulos numerados que no siempre siguen una cronología lineal estricta, sino que a menudo saltan entre diferentes épocas y escenarios de la vida del protagonista, o se desvían hacia historias secundarias o eventos históricos paralelos (como los del capítulo 9). Esta estructura fragmentada y laberíntica contribuye al tono épico y a la sensación de estar ante un vasto fresco histórico y mítico.
El tono general es complejo y difícil de definir unívocamente. Oscila entre lo épico y lo paródico, lo trágico y lo grotesco, lo sagrado y lo profano. Hay un profundo sentido de la fatalidad y del absurdo de la existencia humana, pero también momentos de intensa belleza lírica y compasión por los personajes. El narrador «nosotros» adopta a veces un tono de demiurgo que juega con sus criaturas, pero también de cronista apesadumbrado por los horrores que presencia. Esta mezcla de tonos recuerda a autores como Gabriel García Márquez por su realismo mágico y su aliento épico, a Jorge Luis Borges por su erudición y sus juegos con la historia y la ficción, y a James Joyce por su experimentación lingüística y estructural. La frase «¡Vanidad de vanidades! —dice Cohélet—, ¡vanidad de vanidades, todo es vanidad!» resuena como un leitmotiv que subraya el tono a menudo desesperanzado y cíclico de la condición humana retratada.
4. Estructura narrativa
La estructura narrativa de Theodoros es ambiciosa y no lineal, organizándose en tres partes principales que, si bien sugieren una progresión cronológica en la vida del protagonista (Tudor en Valaquia, Theodoros en el Archipiélago, Tewodros en Etiopía), internamente presentan una compleja red de saltos temporales, digresiones y cambios de perspectiva.
El libro está dividido en capítulos numerados, pero esta numeración no siempre sigue un orden secuencial lógico dentro de la trama general, como se observa con los capítulos 18, 19, 13, 16, 14, 17, 20, 26, 23, 27, 31, 32, 2, 33, 1, que rompen la linealidad para agrupar temáticamente o para crear efectos de contraste o anticipación. Por ejemplo, la historia de Salomón y Makeda (capítulos 13 y 16) o los eventos de 1827 (capítulo 9) se insertan como extensas digresiones que, aunque temáticamente relevantes, interrumpen el flujo principal de la vida de Theodoros.
La narración utiliza múltiples líneas temporales que se entrelazan: la infancia y juventud de Tudor en Valaquia; sus años como pirata Theodoros en el Archipiélago Griego; su ascenso y reinado como Tewodros II en Etiopía; episodios históricos del siglo XIX que sirven de contrapunto o contexto (coronación de la Reina Victoria, invenciones, guerras); relatos bíblicos y legendarios (Salomón y Makeda, el Kebra Nagast); y una dimensión atemporal o metahistórica desde la que narra la entidad «nosotros», culminando en el Juicio Final. No hay un uso extensivo de flashbacks tradicionales en primera persona, sino que el pasado se revela a través de las narraciones del narrador omnisciente, las cartas del protagonista, o los recuerdos de los personajes compartidos en diálogo.
Una estructura recurrente es la inserción de historias dentro de la historia principal, como los cuentos que Sofiana leía a Tudor, las leyendas etíopes que Kassa comparte, o las propias cartas fabuladas de Theodoros a su madre. Estos relatos funcionan como espejos o comentarios sobre los temas centrales del libro, como la naturaleza de la verdad y la ficción, el poder de la narración y la búsqueda de sentido. La estructura de las cartas de Theodoros a Sofiana, por ejemplo, es una constante que ofrece una visión distorsionada y auto-glorificada de sus acciones.
La tensión narrativa evoluciona de forma irregular. Se construye a través de la acumulación de aventuras, conflictos y revelaciones místicas, pero también se disipa frecuentemente en largas digresiones eruditas o descriptivas. Los momentos de clímax se dan en batallas (Dirasge, la conquista de Magdala), revelaciones místicas (el encuentro con el Arca, las letras de SAVAOTH) y confrontaciones personales (el suicidio de Tewodros). La tensión también se genera por la propia naturaleza enigmática del protagonista y la incertidumbre sobre su destino final, que se mantiene hasta la visión apocalíptica del Juicio. La estructura, aunque compleja y a veces laberíntica, busca reflejar la vastedad de la experiencia humana y la interconexión de la historia, el mito y el destino individual.
5. Escenas memorables o significativas
1. El intercambio de cabezas (Capítulo 10): Tudor relata la historia del libro Historia del rey Skinderiu, donde un filósofo intercambia la cabeza de un príncipe feo con la de un joven apuesto. «A continuación les cortó la cabeza con una espada. Recogió las cabezas y las intercambió, de tal manera que colocó la cabeza de Firusah sobre los hombros del hijo del tendero, y la de este la plantó sobre los hombros del príncipe...» Contexto: Esta escena, contada por el joven Tudor, prefigura el posterior intercambio de identidades con Kassa Hailu y subraya el tema de la identidad fluida y construida.
2. La batalla de Debre Tabor (Capítulo 11): La descripción de la absurda batalla donde los ejércitos etíopes huyen repetidamente el uno del otro. «Porque, situadas una frente a otra, al ver el odio y el arrojo en los rostros de los adversarios, a las huestes las invadió de repente un terror infinito. Se detuvieron sujetando las riendas con tanta fuerza que estrangularon a los caballos y las filas entrechocaron amontonándose.» Contexto: Esta escena resalta lo grotesco de la guerra y la futilidad del poder, un tema recurrente en el reinado de Tewodros.
3. El encuentro con Ingannamorte (Capítulo 26): Theodoros, en una carta a su madre, describe su encuentro con Ingannamorte, «el-que-ha-escrito-todos-los-libros», en una isla flotante. «En el encabezamiento de las hojas decía Theodoros, y me estremecí: ¿era yo real o vivía en aquellas hojas? ¿En qué parte me encontraba? Ingannamorte estaba más arriba, en la cima de la colina, y era idéntico a lo que había oído decir de él...» Contexto: Esta escena metanarrativa cuestiona la naturaleza de la realidad, la ficción y la autoría, sugiriendo que la vida de Theodoros es en sí misma una narración.
4. La coronación de Tewodros II (Capítulo 27): Durante la ceremonia de coronación, la iglesia es elevada al cielo por ángeles, y Tewodros se corona a sí mismo. «Pero no llegó a colocártela en la frente, pues de repente te estremeciste y, como arrebatado por la furia, se la arrancaste de las manos. Soberbio y grandioso como el mismo Alixandru Machidon y como Napollón Buenaparte... alzaste la corona en los rayos del sol... y con tus propias manos, te la plantaste en la cabeza hasta las orejas...» Contexto: Simboliza la culminación de la ambición de Theodoros y su auto-divinización, pero también el inicio de su aislamiento y caída.
5. El descubrimiento del Arca vacía (Capítulo 32): Tewodros finalmente accede al lugar más secreto donde se supone que está el Arca de la Alianza, solo para encontrarla vacía de sus reliquias originales, y luego el Arca misma desaparece tras una revelación divina. «En la sombra densa del cofre divisaste, al fondo, el omer de maná... Viste también la vara de Aarón... Alargaste luego las manos... y sacaste las tablas de piedra... A continuación se formó un torbellino en el aire denso como la miel y el Arca quedó atrapada en él... para desaparecer finalmente como si nunca hubiera existido.» Contexto: Representa el clímax de su búsqueda mística, pero también la futilidad de sus ambiciones terrenales y la naturaleza inasible de lo divino.
6. El suicidio de Tewodros (Capítulo 33): En los últimos momentos, asediado en Magdala, Tewodros reflexiona sobre su vida y se quita la vida. «...apenas has dicho Amén cuando te introduces la pistola en la boca, sientes por un instante el sabor a hierro en la lengua, apoyas el extremo en el paladar, oyes que un soldado te grita algo mientras corre hacia ti con los ojos desorbitados, y entonces aprietas bruscamente el gatillo y el mundo se hace añicos y tu vida se acaba y tu historia puede comenzar...» Contexto: Es el desenlace trágico de su reinado y de su vida, un acto final de desafío y desesperación.
7. El Juicio Final (Capítulo 33): Theodoros es juzgado en una escena apocalíptica donde ángeles y demonios disputan su alma, y el Señor lee el libro de su vida (la novela misma). «“¡THEODOROS!” —¡Aquí estoy, Señor!— respondiste desde un rincón alejado, de inmediato y sin asombrarte... Y en el silencio, al cabo de largo rato, se oyó de repente, desde el gran velero madre de los territorios en las alturas, una risa contenida... Era el Señor, que reía mientras leía el libro de tu vida...» Contexto: Un final metanarrativo y ambiguo que cuestiona la naturaleza del juicio divino y el valor de una vida narrada.
6. Citas destacadas
1. «Todo, todo lo que decían, incluso cuando se preparaban la comida de cada día y cuando charlaban juntos y cuando iban al mercado a comprar huevos o tortas de higos, era tomado palabra por palabra del Kebra Nagast, pues toda la sabiduría se encontraba allí, y lo que no estaba allí no era sabiduría.» Explicación: Refleja la sumisión total a un texto sagrado y la pérdida de la individualidad, un tema que contrasta con la búsqueda de identidad del protagonista.
2. «¿Acaso no le dijo el bandido Diomedes a Alixandru Machidon que él, puesto que tenía pocos hombres, era llamado bandido, mientras que, de haber tenido muchos, lo habrían llamado rey? Lo mismo sucedía con los herejes.» Explicación: Cuestiona la relatividad del poder y la legitimidad, sugiriendo que la diferencia entre un criminal y un líder, o entre una herejía y una iglesia, es a menudo una cuestión de números y éxito.
3. «Pues rara vez son las cosas en este mundo como las ven nuestros ojos de carne, que se dejan engañar con mucha facilidad.» Explicación: Subraya el tema de la ilusión versus la realidad, central en la novela, donde las apariencias y las identidades son constantemente cuestionadas y transformadas.
4. «Nosotros hemos sabido siempre qué va a suceder, tal y como sabemos también lo que sucedió, pues para nuestros ojos grises, separados y serenos, el mundo es tan solo un bloque inmóvil en la eternidad, solo un libro que escribimos íntegramente en el principio, mientras que el hombre lo lee página a página, sin saber qué vendrá en la hoja siguiente.» Explicación: Define la perspectiva del narrador omnisciente («nosotros») y plantea la cuestión del determinismo frente al libre albedrío, presentando la vida como una historia ya escrita.
5. «Amor, gloria y redención se entrecruzan siempre en estas hojas empapadas en lágrimas, pues no has aprendido hasta el día de hoy que es imposible alcanzar los tres, ya que viven en eterna discordia.» Explicación: Sintetiza los tres grandes anhelos del protagonista y la imposibilidad inherente de satisfacerlos simultáneamente, apuntando a la naturaleza trágica de su búsqueda.
6. «¿Qué es el hombre en la infinitud del mundo?, ¿qué significa su aliento de un instante en el océano infinito del tiempo?» Explicación: Una reflexión existencial sobre la insignificancia humana frente a la vastedad del cosmos y la eternidad, un sentimiento que asalta a los personajes en momentos de contemplación.
7. «Pues la voluntad no es sino el espectro del diablo, mientras que la fe viene de Dios.» Explicación: Establece una dicotomía fundamental en la lucha interna del protagonista, cuya ambición desmedida (voluntad) lo aleja de la gracia divina (fe).
8. «No habías dejado jamás de pensar en Stamatina... Era el único corazón que habías ansiado de verdad, más que el corazón de tu madre, más que el corazón de tu reina, pues era el único que no se te había predestinado.» Explicación: Revela la persistencia del amor idealizado de Theodoros por Stamatina, un amor que, precisamente por no estar destinado, se convierte en su obsesión más profunda y dolorosa.
9. «En el mundo no había sino secretos y herejías, solo que unos se habían extendido sobre miles y miles de almas y se llamaban iglesias, mientras que otros estaban escondidos en cuevas, perseguidos y reprimidos.» Explicación: Una visión cínica y relativista de las instituciones religiosas y las creencias, sugiriendo que la ortodoxia es simplemente la herejía que ha triunfado.
10. «La vida de bandolero te enseñó las tácticas de enfrentamiento entre ejércitos, la estrategia de los grupos de soldados, las vilezas y el ceremonial de la guerra, de gran utilidad más adelante...» Explicación: Muestra cómo las experiencias formativas, incluso las criminales, moldean las habilidades y el carácter del protagonista para sus futuras empresas.
11. «El Arca no es Adonai, reina, pero es el objeto más sagrado del mundo, porque en ella se encuentra el Nombre de Quien vuela sobre querubines.» Explicación: Salomón explica a Makeda la naturaleza del Arca, no como Dios mismo, sino como el receptáculo de Su presencia y poder, un concepto clave para la búsqueda de Theodoros.
12. «...el emperador de los Estados Unidos se pasaba los días inspeccionando las carreteras y los puentes de la ciudad... imaginando grandiosos proyectos que fueron finalmente llevados a cabo, puesto que los poetas, los enamorados y los locos... tienen la capacidad de transformar el sueño en esa alucinación mucho más extraña que llamamos realidad.» Explicación: Describe al Emperador Norton I, reflejando la idea de que la locura y la visión pueden tener un impacto tangible en el mundo, un paralelo a la propia trayectoria de Theodoros.
13. «...pues el destino del hombre está siempre a la altura de su mirada.» Explicación: Una reflexión sobre la ambición y la autopercepción, sugiriendo que los límites de lo que uno puede alcanzar están definidos por la propia visión y aspiración.
14. «Te has postrado ante tus propios pies desde que tienes uso de razón, Theodoros, no has tenido otro Dios, y ahora, cuando todo ha terminado... te quedan tan solo la soberbia, el odio, la voluntad cruel de caminar sobre cadáveres, esta vez sobre tu propia carroña...» Explicación: Un juicio contundente sobre el narcisismo y la hybris del protagonista, que lo conducen a su trágico final.
15. «...pues ni siquiera nosotros, los Omniscientes, sabríamos jamás si te habíamos soñado a ti o si tú nos habías soñado a nosotros, como dos manos que se dibujan eternamente la una a la otra.» Explicación: Una declaración metanarrativa de los narradores («nosotros») que desdibuja la línea entre creador y criatura, realidad y ficción, en el contexto del Juicio Final.
16. «La fe viene de Dios; la voluntad, del Diablo.» Explicación: Reitera la dicotomía central que define el conflicto espiritual y moral del protagonista, y que él mismo reconoce en sus momentos de lucidez o desesperación.
17. «¿Qué sería la India sin nuestra labor civilizadora? Solares llenos de vacas y de moribundos esqueléticos. Casas de adobe sin pizca de higiene. Dioses azules con trompa. Fanáticos desnudos bebiendo el agua sucia del Ganges.» Explicación: Palabras de Lord Palmerston que exponen la arrogancia y la justificación del colonialismo británico, un contrapunto a la propia ambición imperial de Tewodros.
18. «¿Pero qué niño, mientras crece en el vientre de su madre, imagina que dejará de crecer algún día?» Explicación: Una reflexión sobre la naturaleza de la ambición y el crecimiento, aplicable tanto al desarrollo físico como a las aspiraciones ilimitadas del protagonista.
19. «...pues en las profundidades de tu corazón había cuevas intrincadas, con fieras de viento y fieras de fuego y rostros que se confundían entre sí, y solo allí comprendías que el Rey Azul tenía el rostro de tu padre, Gligorie, y el del pope que cantaba en la iglesia y el del Pantocrátor pintado en su torre...» Explicación: Describe la compleja psique infantil de Tudor, donde las figuras de autoridad y divinidad se fusionan, prefigurando su propia y distorsionada búsqueda de poder absoluto.
20. «...y supe que algún día escribiría la novela de Theodoros, una novela pseudohistórica, de ficción, en la que lo imposible se vuelve posible en otra creoda temporal, en otro mundo, “con otros ríos y otros dioses”.» Explicación: Palabras del autor en la nota final, que revelan la intención detrás de la obra y su naturaleza como una construcción literaria que juega con la historia y la ficción.
7. Temas y subtemas tratados
La búsqueda de la identidad y la transformación: Este es quizás el tema más central. El protagonista, Tudor, adopta múltiples nombres (Theodoros, Kassa Hailu, Tewodros II) y roles (sirviente, pirata, monje, emperador) en una búsqueda incesante de una identidad que le otorgue poder y sentido. El intercambio de destinos con Kassa Hailu es un momento crucial que ilustra la fluidez y la construcción artificial de la identidad. La novela explora cómo la identidad es moldeada por la ambición, las circunstancias, las historias que nos contamos y las que nos cuentan. La frase «Tú eres el Opuesto» dicha por Moshe el Trapero, define una identidad impuesta y a la vez asumida, que lo marca para un destino singular y conflictivo.
El poder y su corrupción: La novela es una extensa meditación sobre la naturaleza del poder, su obtención y sus efectos corruptores. Theodoros anhela el poder absoluto desde su infancia («o rey o nada»). Su ascenso está marcado por la violencia, la astucia y la traición. Una vez en el trono de Etiopía, su reinado se vuelve cada vez más despótico y cruel, especialmente tras la muerte de Paloma. El libro muestra cómo el poder aísla, deshumaniza y conduce a la paranoia y la autodestrucción. La figura de Jianu, el agá que es también el bandolero que él mismo inventó, es otro ejemplo de la manipulación y la naturaleza performativa del poder.
La fe, la herejía y la búsqueda de lo sagrado: La religión y la espiritualidad son omnipresentes. El protagonista se sumerge en el Kebra Nagast, busca las letras de SAVAOTH y el Arca de la Alianza. Sin embargo, su fe es ambigua, a menudo instrumentalizada para sus fines. La novela explora la diversidad de creencias, las herejías (Qibat, Tsega), el misticismo y el fanatismo. La línea entre lo sagrado y lo profano es constantemente desdibujada. La búsqueda del Arca simboliza una ansia de trascendencia y legitimidad divina que, paradójicamente, lo lleva a cometer actos impíos. El narrador «nosotros» introduce una perspectiva divina o angelical que juzga y comenta las peripecias espirituales de los personajes.
El amor, la traición y la soledad: El amor aparece en diversas formas: el amor maternal de Sofiana, el amor idealizado y no correspondido por Stamatina, el amor conyugal y consejero de Paloma, y las relaciones puramente carnales. La traición es una constante: Theodoros traiciona a Kassa, es «traicionado» (en su percepción) por Stamatina, y él mismo traiciona sus ideales y a su pueblo. La soledad es una consecuencia de sus acciones y de su naturaleza; a pesar de estar rodeado de gente, Tewodros muere como «el hombre más solo sobre la faz de la tierra».
La historia, el mito y la ficción: Cartarescu entrelaza meticulosamente hechos históricos (el reinado de Tewodros II, la expedición británica, figuras como la Reina Victoria o el Emperador Norton I) con leyendas (Salomón y Makeda, el Arca), elementos de cuentos populares rumanos (Alixăndria) y pura invención ficcional. La novela cuestiona la veracidad de la historia oficial y la naturaleza de la «verdad» narrativa. Personajes como Ingannamorte («el-que-ha-escrito-todos-los-libros») y la conclusión metanarrativa del Juicio Final, donde el Señor lee la propia novela, subrayan este juego entre lo real y lo ficticio, sugiriendo que toda vida es una historia y toda historia una construcción.
La violencia y la crueldad: La violencia es una constante brutal a lo largo de la narración, desde las fechorías de los piratas y bandoleros hasta las masacres ordenadas por Tewodros. Se describen torturas, asesinatos y batallas con un detalle a menudo gráfico y perturbador. La novela explora la capacidad humana para la crueldad, tanto individual como colectiva, y cómo esta se relaciona con el poder, la venganza y la desesperación. La transformación de Tewodros en un «monstruo» tras la muerte de Paloma es un ejemplo de cómo el sufrimiento puede engendrar más violencia.
El destino y el libre albedrío: La narrativa juega constantemente con la idea del destino. El narrador «nosotros» afirma conocer el destino de Theodoros desde el principio. Hay profecías (Moshe el Trapero, el Rey de los Peces) y una sensación de que el protagonista está cumpliendo un papel preescrito. Sin embargo, Theodoros también toma decisiones cruciales que moldean su camino. El libro parece sugerir una tensión entre un destino inexorable y la capacidad del individuo para actuar, aunque sus acciones a menudo lo lleven a cumplir, irónicamente, ese mismo destino. La frase «Lo que está escrito en tu frente está ya fijado y acaba por cumplirse» refleja esta concepción fatalista.
8. Símbolos, metáforas o elementos recurrentes
El Arca de la Alianza: Es el símbolo central de la búsqueda mística y de poder de Theodoros. Representa la legitimidad divina, el poder absoluto y la conexión directa con Dios. Su búsqueda es el motor de gran parte de sus acciones en Etiopía. El hecho de que, al final, el Arca se le revele vacía de sus reliquias originales y luego desaparezca, simboliza la vacuidad de sus ambiciones terrenales y la naturaleza inasible de lo verdaderamente sagrado. «El Arca no es Adonai, reina, pero es el objeto más sagrado del mundo, porque en ella se encuentra el Nombre de Quien vuela sobre querubines».
Las letras de SAVAOTH: Las siete letras que Theodoros busca en las islas del Archipiélago representan un camino iniciático, una firma divina en el mundo que lo guía hacia su destino y, supuestamente, hacia el Arca. Cada letra encontrada (S, A, V, O, T, H – la última es implícita) marca una etapa en su viaje y una revelación. Simbolizan la búsqueda de un orden oculto, de un lenguaje divino inscrito en la geografía y en la historia personal.
Los espejos y los reflejos: Los espejos aparecen en momentos significativos, como el que Kassandra ve en el monasterio de Hozoviotissa, reflejándola como una Virgen con el Niño, o el espejo en el que Marița se admira. Simbolizan la autopercepción, la identidad (a menudo distorsionada o idealizada) y la revelación. El mundo mismo es a veces descrito como un reflejo o una ilusión. El Arca, al final, tiene un fondo de espejo donde Tewodros ve su rostro monstruoso.
Los sueños y las visiones: Son recurrentes y a menudo premonitorios o simbólicos. El sueño compartido de Theodoros y Kassa sobre la crucifixión, las visiones de Theodoros bajo el efecto de las drogas, el sueño de Stamatina con el Silfo, o la visión de Theodoros de Stamatina en el Arca. Desdibujan la línea entre realidad y fantasía, y revelan los miedos, deseos y conflictos internos de los personajes. «En vuestro sueño aparecía una cruz alta en forma de T situada en la cumbre de la montaña de Télendos...»
Los libros y la escritura: La novela está llena de referencias a libros (Kebra Nagast, Alixăndria, Sefer Ha-Bahir, la Biblia, los cuentos populares) y al acto de escribir (las cartas de Theodoros, el diario de la Reina Victoria, Ingannamorte, el propio libro que se está leyendo). Los libros son fuentes de sabiduría, de poder, de engaño y de autoconstrucción. La propia novela se presenta como el «libro de la vida» de Theodoros, leído en el Juicio Final, subrayando el poder de la narración para crear y definir la realidad.
La sangre: Es un elemento recurrente y polivalente. Simboliza la vida, el linaje (la sangre salomónica), el sacrificio, la violencia y la culpa. Theodoros «come con sangre y bebe sangre», lo que lo condena. La sangre de Cristo es redentora, pero la sangre derramada por Theodoros lo mancha indeleblemente. Las menstruaciones, los partos sangrientos, las heridas de batalla, todo contribuye a un imaginario donde la sangre es una fuerza primordial y a menudo terrible.
El fuego: Aparece como un elemento de destrucción (el incendio del monasterio de Debre Tabor, el incendio de Magdala) pero también de purificación o revelación (la zarza ardiente, el fuego del infierno, el fuego del corazón de Jesús en el Juicio Final). El fuego de la pasión amorosa y el fuego de la ambición también consumen a los personajes.
Los animales: Diversos animales tienen cargas simbólicas. El león (León de Judea, Moa Ambassa) representa la realeza y el poder, un título que Tewodros usurpa. Las serpientes y los dragones simbolizan el mal o la tentación. Las aves (palomas, cuervos, albatros, ibis) a menudo tienen connotaciones espirituales o son mensajeras. Los gatos son amados por Theodoros, quizás representando una domesticidad o inocencia perdida. Las lombrices (el apodo de Kassa y la obsesión de Tewodros) simbolizan la bajeza, la corrupción interna y la humillación.
El intercambio de identidades/cabezas: La historia de Skinderiu sobre el intercambio de cabezas y el intercambio real de destinos entre Theodoros y Kassa son metáforas poderosas de la fragilidad de la identidad, la posibilidad de reinvención y el engaño. Sugieren que la identidad puede ser una construcción, una máscara o incluso una carga de la que uno puede despojarse o que puede ser impuesta.
9. Contexto del autor (si se infiere)
El estilo y los temas de Theodoros sugieren una fuerte adscripción al posmodernismo literario. El autor, Mircea Cartarescu, parece dialogar con una rica tradición literaria e histórica, utilizando la intertextualidad de manera profusa. Se perciben influencias de la literatura universal y rumana.
La estructura fragmentada, la mezcla de géneros (novela histórica, picaresca, de aventuras, fantástica, filosófica), el narrador no fiable o múltiple («nosotros»), y el juego constante entre ficción y realidad son características típicas del posmodernismo. La novela parece beber de fuentes como Jorge Luis Borges, por su erudición, sus laberintos narrativos y la exploración de temas como la identidad, el tiempo y el infinito (la figura de Ingannamorte, el libro dentro del libro). También se puede intuir una conexión con el realismo mágico de autores como Gabriel García Márquez, especialmente en la creación de mundos exuberantes y en la naturalidad con la que se integran elementos fantásticos en un contexto aparentemente histórico (la iglesia que vuela, el rifle que dispara solo, las mujeres-vela).
La profunda inmersión en textos sagrados (la Biblia, el Kebra Nagast, el Corán implícitamente) y apócrifos, así como en la historia de las religiones y las herejías, sugiere un interés por la teología y la filosofía de la religión, posiblemente influenciado por pensadores que han explorado estos límites. La épica heroico-cómica que el propio Cartarescu ha cultivado en obras como Levantul, con su técnica joyceana, podría verse reflejada en la ambición totalizadora y el lenguaje barroco de Theodoros.
Hay referencias culturales amplias, desde la mitología clásica griega (Hércules, Odiseo) hasta la historia europea (Napoleón, Reina Victoria), la cultura popular (el Bisabuelo de John Lennon) y la historia específica de Rumania (Valaquia, Tachi Ghica, Jianu, Petrache Poenaru) y Etiopía. Esto indica una vasta cultura y una intención de crear una obra que trascienda fronteras nacionales y temporales, insertándose en un diálogo con la literatura mundial y la historia universal. La reflexión sobre la naturaleza de la escritura y la creación literaria, evidente en la figura de Ingannamorte y en el final metanarrativo, es también un rasgo distintivo de la obra de Cartarescu y del posmodernismo en general.