¿Merece la pena leer ‘La ciudad de las luces muertas’, de David Uclés? Guía completa antes de empezar
Virtudes, riesgos y ambiciones del último libro del autor de ‘La península de las casas vacías’

Querido lector, lectora: antes de entrar al detalle, conviene saber qué tienes delante. Este dosier no es una reseña promocional ni un resumen rápido para indecisos: es un análisis editorial total de La ciudad de las luces muertas, el último libro del Premio Nadal David Uclés, autor de La península de las casas vacías, y pensado para lectores exigentes. Aquí encontrarás una radiografía clara de la novela de David Uclés: qué cuenta realmente, cómo está construida, qué tradición literaria activa, cuáles son sus riesgos y virtudes, y por qué encaja —o no— en el ecosistema editorial actual. Si este tipo de lectura te resulta útil, en Folio Editorial publicamos cada semana análisis, contexto y actualidad literaria sin ruido ni hype: una newsletter pensada para entender el sector, no solo para seguirlo.
Análisis editorial del libro La ciudad de las luces muertas de David Uclés
1. Resumen extendido
La novela La ciudad de las luces muertas se presenta como una obra coral, fantástica y metaficcional que utiliza la ciudad de Barcelona como protagonista absoluta y escenario de un cataclismo sobrenatural y simbólico. La trama se inicia con un prólogo situado en Nueva York en junio de un año indeterminado (aunque se sugiere contemporáneo o cercano a la muerte de los autores citados). El escritor Carlos Ruiz Zafón se encuentra en Central Park cuando una oscuridad antinatural procedente de Europa cubre el cielo. Desde el puente Verrazano-Narrows, Zafón observa un espectáculo imposible: un inmenso barco transporta el templo de la Sagrada Familia, terminado, con Antoni Gaudí en la proa gritando que Barcelona se muere. Zafón, incapaz de soportar la visión y el dolor de una enfermedad estomacal, fallece tras llamar a su agente, Antonia, marcando el tono onírico y trágico que impregnará el resto de la narración.
La acción se traslada a Barcelona, concretamente a 1941, en plena posguerra. La protagonista inicial, Carmen Laforet, una joven de veinte años recién llegada de Canarias, encuentra en la biblioteca de la universidad una misteriosa invitación para unos Juegos Florales secretos. La invitación la firma Carles Riba, quien debería estar en el exilio. Animada por un profesor, Carmen acude a la cita nocturna en el Ayuntamiento. Allí descubre una realidad anacrónica: figuras históricas y literarias de distintas épocas conviven en un ambiente de celebración clandestina. Se encuentra con Dolors Monserdà, una escritora fallecida décadas atrás que preside el acto disfrazada de la reina María Cristina. Monserdà le entrega a Carmen una hoja arrancada de un cuaderno mágico: lo que se escriba en ella y luego se queme, se hará realidad. Carmen, abrumada por la tristeza de la posguerra y la falta de inspiración, escribe un deseo impulsivo: «Quiero ver la catedral envuelta en el encanto y el misterio de la noche. En una noche eterna, una noche de los tiempos». Al quemar la nota en su habitación, se desencadena el evento central del libro: la luz del sol desaparece repentinamente al mediodía y una oscuridad perpetua y azulada cubre Barcelona.
El apagón no es solo físico, sino también temporal. La ciudad sufre una superposición de épocas (un colapso del espacio-tiempo). Edificios desaparecidos como el Palacio de la Industria de 1888 o el Hotel Internacional reaparecen, fusionándose o aplastando construcciones modernas. Personajes muertos regresan a la vida (Gaudí, Jacint Verdaguer, Companys) y conviven con habitantes del presente y del futuro (estudiantes del siglo XXII). Barcelona se convierte en una amalgama de todas sus versiones históricas. El caos es absoluto: tranvías de distintas épocas chocan, bombas de la Guerra Civil reaparecen como sombras amenazantes en el cielo, y el pánico se apodera de la población. La ciudad queda aislada por un muro de oscuridad impenetrable; nadie puede salir ni entrar.
A partir de este punto, la narración se fragmenta para seguir a múltiples grupos de personajes —en su mayoría escritores y artistas catalanes e internacionales vinculados a la ciudad— que intentan comprender y sobrevivir al fenómeno. En el barrio del Raval, el fotógrafo Julio Cortázar (aún joven) captura con su cámara la oscuridad premonitoria y salva a Carmen de un atropello. Junto a sus amigos del «Boom» latinoamericano (García Márquez, Vargas Llosa —quien se opera para cambiarse el corazón de sitio político—), deambula por una ciudad que mezcla la bohemia con el terror. Paralelamente, en el café Els Quatre Gats, artistas como Dalí, Picasso, Casas y Rusiñol debaten sobre el origen del caos. Dalí propone la teoría de los «castillos de naipes»: varias Barcelonas de distintos tiempos han colapsado sobre la misma mesa. Mientras tanto, Gaudí, feliz de ver su Sagrada Familia terminada (viniendo del futuro), y otros artistas como Miró y Lluïsa Vidal, deciden combatir la oscuridad mediante el arte: pintan árboles de blanco, usan azulejos reflectantes y crean trampantojos para multiplicar la escasa luz de las hogueras.
La situación se agrava con la aparición de la violencia política. La oscuridad es aprovechada por fuerzas fascistas —remanentes de la Guerra Civil y proyecciones de dictaduras futuras— para asediar la ciudad. Se producen atentados anarquistas (la bomba del Liceu) y enfrentamientos armados. Un grupo de intelectuales y estudiantes, liderados por Montserrat Roig y Maria Aurèlia Capmany, se reúne clandestinamente en el convento de los Capuchinos (recreando la histórica «Capuchinada»). Allí, estudiantes venidos del siglo XXII revelan la posible causa «científica» del apagón: en el futuro, el sol se ha apagado y las ciudades son iluminadas por bombillas gigantes en el cenit. Creen que la bombilla de Barcelona ha sido saboteada por una avioneta fascista.
Para confirmar esta teoría, Montserrat Roig contacta con Josep Maria de Sagarra, quien actúa como infiltrado. Sagarra accede al «Edificio Cel» en el Tibidabo y visualiza una grabación del futuro que confirma el sabotaje: una avioneta pintada de azul disparó contra la bombilla artificial. Con esta información, el grupo de resistencia traza un plan desesperado para devolver la luz: deben encontrar una bombilla de repuesto y colocarla en el cielo. Para ello necesitan a tres figuras clave: un detective para localizar los recursos (Manuel Vázquez Montalbán bajo su alter ego Pepe Carvalho), un guía que conozca los bajos fondos y la ubicación de la fábrica de bombillas (el escritor de los gitanos, Juli Vallmitjana), y una piloto capaz de volar en la oscuridad (la pionera Mari Pepa Colomer).
Mientras el plan de la bombilla se pone en marcha, Carmen Laforet, que ha envejecido prematuramente treinta años durante una siesta debido a la distorsión temporal, busca desesperadamente a Dolors Monserdà para revertir su deseo original. Monserdà le revela que la única forma de deshacer el hechizo es escribir el deseo al revés, pero debe hacerlo bajo la luz del sol. Como Barcelona está en tinieblas, la única salida es el Laberinto de Horta, que actúa como un portal dimensional. Carmen emprende el viaje hacia el laberinto acompañada por la agente literaria Carmen Balcells, el editor Carlos Barral y un científico del futuro, Marc Pau Coixí (quien le habla de la «fida», una enfermedad autoinmune futura que agrieta la piel). El viaje a través del laberinto es una prueba de resistencia física y espiritual.
La narrativa alterna entre la misión «física» (la bombilla) y la misión «mágica» (el laberinto). En la trama de la bombilla, Carvalho y Vallmitjana logran robar el repuesto gigante de las Tres Chimeneas en el Besòs, ayudados por un ejército de plañideras gitanas. Transportan la bombilla al puerto y, mediante un ingenioso uso del teleférico de Montjuïc, la suben al castillo. Allí les espera Mari Pepa Colomer con una avioneta. El despegue es un acto suicida: Carvalho y su ayudante Biscuter mueren acribillados por las fuerzas fascistas para cubrir la huida de la piloto. Mari Pepa logra elevarse hacia el cenit con la bombilla atada.
Simultáneamente, Carmen Laforet y el científico del futuro logran atravesar el laberinto y emergen en una ladera iluminada por el sol, fuera del tiempo y del espacio de la Barcelona oscura. Allí, Carmen escribe la frase de su deseo al revés y la entierra, completando el contrahechizo justo antes del mediodía.
El clímax une ambas líneas: en el cielo sobre Barcelona, la avioneta de Mari Pepa es alcanzada por una bomba suspendida en el aire. La explosión desencadena una reacción en cadena que detona todos los proyectiles de la Guerra Civil que habían quedado congelados en el cielo. Una inmensa nube de fuego cubre la ciudad. Parece el fin, la destrucción total. Sin embargo, al dar las doce, la luz regresa. La combinación del sacrificio de la piloto, la reversión del deseo de Carmen y la catarsis del fuego restaura la normalidad.
El epílogo muestra el regreso de la luz y la separación de los tiempos. Los personajes históricos vuelven a sus épocas o destinos trágicos: Lorca desaparece dejando solo su ropa, Gaudí es atropellado (cumpliendo su destino original), Casagemas se suicida, y los exiliados como Rodoreda y Machado parten hacia sus respectivos destierros, conscientes de que la oscuridad volverá en forma de dictadura real. Carmen Laforet despierta en la ladera, nuevamente en 1941, envejecida físicamente pero con la ciudad restaurada. La novela cierra con una sensación agridulce: la magia ha terminado, pero la historia real, con sus guerras y dolores, continúa. Barcelona ha sido salvada de la aniquilación total, pero condenada a vivir su historia traumática.
2. Análisis de personajes
La novela cuenta con un elenco masivo de personajes reales de la cultura catalana, española e internacional. Funcionan a menudo como arquetipos o funciones narrativas más que como caracteres psicológicos profundos, aunque algunos presentan arcos claros.
Carmen Laforet (La veinteañera/La anciana): Es el hilo conductor emocional. Comienza como una joven insegura y tímida, abrumada por la Barcelona de posguerra. Su deseo inocente desencadena el caos. Su arco es de maduración acelerada (literal y metafórica): envejece físicamente décadas en un día, asumiendo la responsabilidad de sus actos. Representa la inocencia perdida y la carga de la memoria.
Manuel Vázquez Montalbán / Pepe Carvalho (El detective): Representa la acción pragmática y el cinismo ilustrado. Funciona en su dualidad autor/personaje. Es el héroe tragico que se sacrifica (muere acribillado) para salvar la ciudad, sabiendo que su destino es desaparecer. Encarna la Barcelona gastronómica, política y desencantada.
Montserrat Roig / Maria Aurèlia Capmany (Las activistas): Representan la conciencia política, el feminismo y la resistencia antifascista. Son las organizadoras, las que buscan soluciones racionales y colectivas frente al caos. Roig es la mensajera incansable; Capmany, la estratega que no duda en disfrazarse de monje. Son el motor intelectual de la trama.
Mari Pepa Colomer (La piloto): Figura heroica de acción pura. Su función es ejecutar la misión final. Representa a las mujeres pioneras olvidadas por la historia. Su sacrificio en el aire es el contrapunto al trabajo en tierra de los intelectuales.
Dolors Monserdà (La presidenta): Mentora mágica. Es una figura espectral que habita entre la vida y la muerte. Introduce el elemento fantástico (el cuaderno) y guía a Carmen en la resolución. Representa la tradición literaria femenina catalana que conecta generaciones.
Josep Maria de Sagarra (El infiltrado): El dandy y observador. Su rol es crucial para descubrir la verdad «científica» en el Tibidabo. Muestra la ambigüedad de la burguesía catalana, capaz de moverse entre bandos, pero finalmente comprometida con la ciudad.
Juli Vallmitjana (El gitano): Nexo con la Barcelona marginada y olvidada (La Mina). Aporta la fuerza bruta y el apoyo popular (las plañideras) necesarios para la misión de la bombilla. Representa la clase baja y el submundo cultural.
Antoni Gaudí (El arquitecto): Aparece como una figura mística, obsesionada con su obra y con Dios. Su función es estética y simbólica: intenta «barnizar» la ciudad para darle luz. Su muerte al final (atropellado, como en la realidad) cierra el ciclo de la fantasía devolviéndolo a la historia.
Julio Cortázar (El fotógrafo): Testigo externo. Aporta una mirada surrealista y lúdica (cronopios). Su presencia, junto a otros del Boom, subraya la internacionalidad de Barcelona como capital literaria. Actúa como cronista visual del desastre.
Marc Pau Coixí (El científico): Personaje ficticio del futuro. Su función es explicar la trama de ciencia ficción (la bombilla, la fida) y acompañar a Carmen en el laberinto. Sirve de contraste temporal, mostrando un futuro deshumanizado sin años.
3. Estilo y tono narrativo
El estilo de David Uclés en esta obra es barroco, acumulativo y sensorial. Se adscribe claramente a un realismo mágico hiperbólico, o lo que podría definirse como «metaficción historiográfica». El tono oscila entre la crónica periodística, la elegía poética y el esperpento. El lenguaje es rico, culto, lleno de referencias intertextuales y catalanismos que anclan la narración al territorio.
El narrador es omnisciente y extradiegético, con una voz muy marcada que a menudo se dirige al lector o hace comentarios meta-literarios («Como en este episodio empezará a nevar...», «aunque creo no habéroslo dicho aún»). Este narrador gestiona el caos con una falsa objetividad, enumerando desastres imposibles con la misma naturalidad que hechos históricos.
El ritmo es frenético en cuanto a la acumulación de imágenes y eventos, pero la trama avanza a saltos, detenida frecuentemente por viñetas descriptivas de los distintos grupos de personajes. Abunda el uso de la enumeración caótica para describir la superposición de tiempos (listas de edificios, de olores, de objetos). El diálogo suele ser funcional o filosófico, sirviendo para exponer teorías sobre lo que ocurre más que para una conversación naturalista.
Hay una clara influencia del estilo de García Márquez (citado como personaje) en la adjetivación y la hipérbole («la noche de los tiempos», «oscuridad azulada»), pero filtrado por una sensibilidad mediterránea y urbana propia de autores como Eduardo Mendoza (lo picaresco) o Ruiz Zafón (lo gótico).
4. Estructura narrativa
La novela se estructura en 24 capítulos, un prólogo, un epílogo y dos interludios. Esta división sugiere las 24 horas del día, aunque el tiempo dentro de la narración es elástico y subjetivo. Los capítulos suelen llevar títulos descriptivos y una lista de los personajes («Dramatis personae») que intervienen en ellos, lo que refuerza el carácter teatral de la obra.
La estructura interna es de líneas paralelas convergentes:
- Línea A (Mágica): Carmen Laforet y su deseo. El viaje interior y el cambio físico. Resolución en el Laberinto.
- Línea B (Acción/Política): El Sindicato de Estudiantes, Roig, Capmany, Sagarra. La investigación del sabotaje y la misión de la bombilla.
- Línea C (Costumbrista/Artística): Las tertulias en Els Quatre Gats, las acciones de Gaudí y los pintores. Sirve para ambientar y dar profundidad temática.
La tensión narrativa evoluciona desde el desconcierto inicial hacia una carrera contra reloj (“countdown”) marcada por la amenaza de las bombas suspendidas y el avance de la enfermedad/vejez de Carmen. Comienza con un misterio (el apagón), se expande hacia el caos coral y se estrecha en dos misiones finales simultáneas (cielo y tierra) que se resuelven en el mismo instante (mediodía).
5. Escenas memorables o significativas
La llegada de la Sagrada Familia a Nueva York:
«El barco cargaba con el templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona [...] Y el escritor esbozó la misma cara de incomprensión que el resto [...] Desde la proa, un viejo de ojos azules y barba prominente, con un aspecto idéntico a Antoni Gaudí, avisaba a los neoyorquinos: —¡Se está muriendo! ¡Barcelona se muere!».
El deseo de Carmen Laforet:
«Quiero ver la catedral envuelta en el encanto y el misterio de la noche. En una noche eterna, una noche de los tiempos.»
La teoría de los castillos de naipes de Dalí:
«El pintor dio un brinco y se echó sobre la mesa. Derribó los siete castillos de naipes. [...] —Creo que sobran las palabras. Esta es, damas y caballeros, la Barcelona en la que nos encontramos: formada por partes de otras muchas y muy diferentes.»
La visión apocalíptica de las bombas suspendidas:
«Vieron que están creciendo sombras en todos los barrios: redondas y amenazantes [...] Tememos que la ciudad reciba todas las bombas que impactaron durante la guerra civil, pero al mismo tiempo y en unas horas.»
La muerte de Pepe Carvalho:
«Saltó una pequeña valla de madera, se chocó y se echó la mano de manera refleja al corazón. [...] Tres decenas y media de tiros le atravesaron el cuerpo y tiñeron de rojo las flores más blancas de Bangkok.»
La inversión del deseo en el laberinto:
«Sacó también el bolígrafo y escribió la frase al revés [...]: sopmeit sol ed ehcon anu ,anrete ehcon anu nE .ehcon al ed oiretsim le y otnacne le ne atleuvne lardetac al rev oreiuQ».
6. Citas destacadas
- «Color de noche, color de muertos.» (Cita inicial de Montserrat Roig que marca el tono fúnebre y político).
- «Le gustaba sentirse "como un cocodrilo en un zoo": solo salía de las aguas cuando a él se le antojaba.» (Descripción de la personalidad reservada de Ruiz Zafón).
- «Parecía como si Dios hubiera cosido con crespones la ciudad.» (Descripción de la atmósfera opresiva de la posguerra).
- «La literatura no solo afecta a quien la escribe; también a los personajes y a los lectores.» (Dolors Monserdà sobre el poder mágico de la escritura).
- «Reconozco a quienes van a morir jóvenes. Lo siento mucho, señorita.» (Picasso a Simone Weil, presagiando su destino trágico).
- «Mucho mejor que las mujeres os dediquéis a freír huevos que a escribir. ¡A la cocina!» (Josep Pla, retratado en su misoginia histórica).
- «Barcelona es un gran puerto que piensa.» (Cita de Paul Valéry recuperada para describir la intelectualidad de la ciudad).
- «Los escritores nos alimentamos de la miseria y de la infelicidad humanas, como los buitres de la carroña.» (Reflexión cínica de los personajes del Boom).
- «La oscuridad soy yo echándome sobre la mesa.» (Dalí explicando el caos como un acto surrealista propio).
- «¡No hay blanco más puro que el que utilizo en mis obras!» (Lluïsa Vidal reivindicando su arte como herramienta contra las tinieblas).
- «Vivir siempre es perder cosas.» (Ana María Matute niña, resumiendo la melancolía de su generación).
- «Dios, de existir, ha de ser fascista, desde luego.» (Comentario de los estudiantes sobre la naturaleza de la oscuridad).
- «Los cementerios son las ciudades de los muertos creadas por los vivos, y Barcelona es la ciudad de los vivos salvada por los muertos.» (Epitafio de Roig a Carvalho, resume la tesis del libro).
- «Todo es luz y brilla. La luz se funde en el blanco. Uno... única.» (Últimos pensamientos de Carmen Laforet al restaurar el orden).
- «Soy tan pobre y desgraciado que, aun saliendo de puntillas de un sitio de donde no sustraje nada, me acusarán de haber robado incluso los agujeros de las cortinas.» (Jean Genet sobre la marginalidad).
7. Temas y subtemas tratados
La memoria histórica y la ciudad palimpsesto: El tema central es Barcelona como un organismo vivo compuesto por todas sus épocas simultáneas. Uclés materializa la idea de que el pasado nunca se va del todo; la ciudad carga con sus muertos, sus guerras (especialmente la Guerra Civil) y sus glorias artísticas. La superposición de edificios y personajes visualiza la historia no como una línea, sino como un estrato acumulativo. La «noche de los tiempos» obliga a la ciudad a confrontar toda su historia a la vez.
El fascismo y la guerra como oscuridad: La oscuridad sobrenatural no es neutra; es política. Se asocia explícitamente al fascismo, a la dictadura y a la represión («La oscuridad, casi con total seguridad, la ha debido de ocasionar el fascismo»). Las bombas suspendidas de la Guerra Civil son la espada de Damocles que cuelga sobre la memoria colectiva. La novela sugiere que la ignorancia y el autoritarismo son formas de apagar la luz de la civilización.
El poder creador y destructor del arte/escritura: La trama se desencadena por un acto de escritura (el deseo de Carmen) y se resuelve por otro (la reescritura inversa). Los artistas intentan salvar la ciudad pintándola o iluminándola (Gaudí, Vidal). Se plantea el arte como la única resistencia posible frente a la barbarie y el olvido. La literatura tiene efectos tangibles en la realidad.
El exilio y la identidad: Muchos personajes están marcados por el exilio (Rodoreda, Machado, las activistas). El libro explora el dolor de tener que abandonar la propia tierra para sobrevivir y cómo eso fractura la identidad. El bibliobús y las naves de los locos son metáforas de esta diáspora intelectual catalana y española.
La enfermedad y la fragilidad del cuerpo: Desde el dolor de estómago de Carmen y Zafón hasta la «fida» (enfermedad futura que agrieta la piel) y el SIDA (mencionado en el episodio del Turó Park con Gil de Biedma y Freddie Mercury). El cuerpo es presentado como un mapa de sufrimiento que corre paralelo al sufrimiento de la ciudad. La vejez repentina de Carmen subraya la fugacidad de la vida frente a la permanencia de la urbe.
8. Símbolos, metáforas o elementos recurrentes
La bombilla del cielo: Representa la artificialidad del progreso y la fragilidad de nuestra existencia. Que el sol haya sido sustituido por una bombilla en el futuro sugiere una crítica ecológica y tecnológica. Su rotura simboliza la desconexión con la naturaleza y la dependencia de sistemas que pueden ser saboteados por el odio (la avioneta fascista).
La nieve y el frío: La nieve que cubre Barcelona al final actúa como un sudario y una purificación. Silencia el ruido de la historia y congela el tiempo, pero también trae la amenaza de muerte por hipotermia. Convierte a la ciudad mediterránea en un paisaje fantasmagórico y ajeno, subrayando la anomalía.
El laberinto: Símbolo clásico del viaje interior y de la complejidad del tiempo. Es el único lugar donde se puede «engañar» a la cronología para salir de la oscuridad. Representa la dificultad de encontrar la verdad o la salida en tiempos de confusión histórica.
Las flores (y los Juegos Florales): Elemento recurrente ligado a la belleza y la cultura catalana. Desde la invitación inicial hasta las flores de Bangkok donde muere Carvalho o las flores de Rodoreda. Simbolizan la persistencia de la vida y el arte incluso en medio de la muerte («la flor que crecía en el cadáver de otra flor»).
La sangre: La ciudad sangra literalmente por sus grietas. Es una metáfora directa de las heridas de la Guerra Civil y la represión que no han cicatrizado. La sangre une a las generaciones pasadas y futuras en un trauma común.